La primera vez que vi al destacado autor peruano Alfredo Bryce fue el día más sublime de mi existencia. Mi abuela me llevaba de la mano de manera presurosa, agitada a la Biblioteca Nacional de Lima, recuerdo que corría de la mano de ella por las calles de la avenida Abancay. Se iba a presentar el autor para firmar su reciente obra un Mundo para Julios.
Era en horas de la tarde porque hacia el horizonte se apreciaba el color naranja del atardecer del sol. Al dirigirnos a la sala donde se iba a presentar Bryce, lo miré, su rostros estaba rebosante de alegría pues estaba recibiendo un reconocimiento y la gente quedaba perpleja al escuchar sus relatos.
Fue el encuentro inolvidable, conocí a un ser extraordinatio que a través de sus obras reflejaba realidad de la alta sociedad, tan llena de poses, de apellidos.

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